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BREVE HISTORIA DE UN LARGO CAMINO

"¡Gran perra! ¡Las vueltas que tiene la vida!..."


(Del tango Las vueltas de la vida de Francisco Canaro y Manuel Romero)




-Habla Victoria-



Mi vida está signada por una modesta paradoja que la recorre y atraviesa de punta a punta: algo parecido a aquella que se desprende del dicho popular “Dios le da pan al que no tiene dientes”.
Hasta casi mis doce años de edad tuve los maxilares superior e inferior sellados debido a una enfermedad o malformación congénita llamada anquilosis temporo-mandibular.
En otras palabras, desde mis primeros años de vida hasta la séptima intervención quirúrgica a mis once años, el margen de apertura de mi boca fue cerrándose debido al anquilosamiento de los músculos que interfieren en el movimiento de la mandíbula, puesto que nací con el cóndilo izquierdo más pequeño que el derecho.
Fueron cerca de diez operaciones a lo largo de once años, no todas exitosas ya que no abundaban casos como el mío, por lo que mi primer operación a los cinco años fue supervisada por médicos de Honduras.
Finalmente, el ya fallecido Doctor Muller, del Hospital Alemán, acertó con todo su talento en la intervención y el tratamiento que necesitaba: mi boca por fin se abría y cerraba normalmente.
A los doce años ya podía dejar la huella de mi mordedura en una porción de pizza, morder la pulpa de un durazno y por supuesto, abrir mi nueva boca para modular el chamamé “Merceditas” o el tango “Caminito”, dos grandes éxitos de las reuniones en familia.
Si bien el don de cantar afloró desde muy pequeña, incluso antes de mi primer actuación a los cinco años en las fiestas patronales de San Gabriel, Victoria Morán nació mucho después, sin esperarlo.
Por eso me resulta casi una ironía del destino este presente de cantora siendo el ámbito de mi boca tan frágil por tantos años. Nunca imaginé que la gracia de cantar iba con el tiempo a convertirse en mi profesión, en el pan de mi panza y de mi alma: bendito está por siempre aquél que puede trabajar con alegría en aquello que le place.
El precio de tanta lucha hoy es sólo una anécdota, apenas moneditas en relación a todo lo bello que la vida me brindó después.

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