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CÓMO EMPEZÓ

"Con veinte abriles me vine para el centro..."

(Del tango Pucherito de gallina de Roberto Medina)




...Y la suerte, que es mujer, dio de lleno con Victoria un enero caluroso de 1996, cuando escuchando como de costumbre -y por admiración- al Negro Dolina se enteró de un cierto concurso de cantores de tango en la calle César Díaz a la altura de Artigas. Si no fuese por la historia de la cuadra del Ángel Gris, que en seguida Dolina trajo a cuento ante la mención de aquella arteria, tal vez Victoria no se hubiese sacudido del sueño que ya avanzaba, tanto como para anotar una dirección en un papelito errante que nunca falta en su mesa de luz. Es decir, Victoria quiere que se sepa hoy y para siempre, que la suerte le dio cartas amigas y uno de esos naipes tiene sin dudas la estampa de Alejandro Dolina.
Y no fue la única, por supuesto. Allí en Villa Urquiza dio sus primeras señales como cantora ganando el concurso finalmente tres meses después, y del mazo esta vez cayeron dos naipes certeros y fieles: Luis Cardei y Antonio Pissano.
Fueron ellos quienes enseguida entendieron que Victoria recién comenzaba a tener un nombre dentro del paisaje tanguero, ya que el seudónimo Victoria Morán, prestado de su querida Abuela, era nuevo tanto para ella como para el público. Y allí, en ese mismo público, estaban Luisito y Antonito sonrientes y siempre humildes aplaudiendo la rareza en la voz y el repertorio: Romántica, Vamos, vamos zaino viejo, Desde entonces, Nobleza de arrabal, Como tú, Yo tan sólo veinte años tenía, rarezas sí, como a estrenar.
Victoria había ganado el concurso y en buena ley el premio: la grabación de un disco y seis meses de contrato con "La casita de mis viejos", el local de tangos en donde se realizaba el certamen. Aunque pasaban los meses sin noticias del premio, ella seguía desgranando tangos, valsecitos y milongas embelesada por las figuras que estaba conociendo y por el público que ya la reconocía con su aplauso, su afecto y el silencio respetuoso que reinaba cuando Victoria cantaba.
Sin embargo, el premio nunca llegó, pero llegaron otros más amistosos de la mano de
Luis Cardei cuando la invitó a cantar nada menos que en Avenida Corrientes, en el café del Foro Gandhi. No tenía veinte abriles Victoria, tenía dieciocho, pero como dice el tango ya se había "venido para el centro".

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