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LA ELECCIÓN DEL REPERTORIO



He recibido en varias ocasiones, con mucho agrado y no sin cierta sorpresa, palabras elogiosas acerca del repertorio que interpreto. El asombro al que me refiero no proviene de una subestimación del público, pero es cierto que la mayoría no suele apreciar una canción cuya letra no es capaz de seguir mientras la escucha o, en el peor de los casos corea o aplaude.
Suscriptos como están los veinte o treinta tangos que fatigan la noche porteña al inocente gusto del turista que sólo escucha lo que le cantan, es entendible que algunos escenarios menos pomposos y más alejados del showbussines hayan cobrado en estos tiempos mayor popularidad.
A decir verdad, no sé si es esto una buena noticia; ¿quién nos librará de aquél cantor que, sabiendo que entre su público hay una joven pareja de alemanes, querrá hacerles el homenaje cantando "Caminito", por ejemplo?.
A riesgo de ser antipática, diré que no deseo que deje de cantarse el tango "Caminito", pero hay otros más de cien tangos bellísimos cuyos estribillos no resisten la arenga para ser coreados por toda la audiencia, ni convidan al aplauso o la risa, pero que son una caricia para el alma y un hallazgo para el pensamiento.
Es muy probable que ante estas composiciones los sufridos turistas no comprendan una palabra de lo que se canta pero no estoy segura de que sean ellos quienes tengan el prurito de comprender a pie juntillas lo que escuchan, sino algunos cantores que en su abnegación por servir al cliente sólo interpretan lo que intuyen les será solicitado. Intuitivos, serviciales, también es posible que no sepan otros tangos.
Hasta aquí ha hablado la voz de la desidia y sé que me he metido en un terreno del que saldré ya mismo sin un rasguño puesto que la horda de cantores intuitivos no está pateando a mi puerta en este instante y, como suele decirse, no está aquí para defenderse.
Es sabido que en esta página pongo a la vista mis sentires y pensares y si han de conocer el por qué de la elección de mi repertorio es bueno que vayan sabiendo qué es lo que no van a encontrar en él y la razón de ello.
He elegido para cantar esencialmente lo que me gusta, lo que mi voz pequeña y nasal dice con verdaderas ganas, aquello que me emociona y simplemente me hace feliz.
Acerca de lo que me gusta en cuanto al mundo de las letras, habrá que remitirse no sólo a los autores de tangos ya citados sino también a aquellos otros que me han marcado a fuego desde sus páginas.
Salen así, como espantados: Borges, Unamuno, Bécquer, Cervantes, Cortazar, Pizarnick, O. Wilde, Neruda, B. Fernández Moreno, O. Paz, Lord Byron, Bioy Casares, Chesterton y algunos griegos que quedan en el tintero para no sucumbir en el aburrimiento. En base a estas lecturas he formado mis gustos literarios y a partir de allí es que puedo apreciar y elegir a Manzi, García Jiménez, Silva, Cadícamo, Contursi, Discépolo, Le Pera, Celedonio Flores, Charrúa y tantos otros que son desde sus versos el argumento de mi voz.
Ya en el no menos vasto mundo de las partituras, diré que todo el jazz y todo el blues, como ninguna otra la variante gospel, han influido en mi voz y en mi formación de una manera reveladora. Sin embargo, tuve en nuestro folclore mi primer acercamiento con la música y los caminos de sus melodías, rico como es en ritmos y cadencias. En cuanto al tango, amén de los que ya todos conocemos y admiramos, baste con citar algunos apellidos: Demare, F. De Caro, Joaquín Mora, A. Bardi, Gardel, Cobián, Pontier, Expósito y tantos otros.
Dicho lo anterior, puedo afirmar con orgullo que soy lo que he leído y escuchado, y me gusta lo que soy.
Victoria

1 comentario:

castorypolux dijo...

Victoria, es un gusto haberte encontrado, precisamente buscando la letra de "Aquellas cartas" en google(oh tiempos...)tango que me gusta muchísimo y al que espero poder escuchar en tu voz. ojalá podamos seguir en contacto , sólo para compartir ese sentimiento por la belleza oculta ... u olvidada...
un saludo!